Recibí la primera noticia sobre el reciente homenaje de la Armada española a los héroes de Baler a través de un whatsapp de nuestro embajador en Manila, Jorge Moragas, un diplomático con oficio, buen conocedor de la Perla de Oriente y profunda raigambre familiar filipina por parte de madre.

Tripulación en la fragata Méndez Nuñez en la bahía de Baler (Filipinas). Foto de la Armada española.
Agradecido, en ese momento pensé en el mundo tan distinto que es el nuestro, éste de la mensajería instantánea, al que conoció el bisabuelo Chus, el cabo Jesús García Quijano, el primer herido en el asedio a la remota iglesia de Baler. La razón fundamental por la que el sitio se prolongó durante 337 días, con sus noches, no fue otra que la incomunicación, el aislamiento, la ignorancia por no tener acceso a información veraz… Si bien el telegrama ya se utilizaba en España desde mediados del siglo XIX, una carta entre Madrid y Manila en 1898 navegaba por mar durante un mínimo de un mes. Para que la misiva, además, cruzase la Sierra Madre que separa Manila y Baler, eran necesarias varias semanas más.
La segunda reflexión tras recibir el whatsapp nace del simbolismo detrás de este homenaje, sin duda oportuno y merecido donde los haya. Por un lado, la fragata Méndez Núñez (F-104), con el capitán Antonio Tánago al mando de unos 215 efectivos, se convirtió el pasado 5 de septiembre en el primer buque de guerra español en atracar en la capital filipina en 121 años. El portavoz de la Philippine Navy no tuvo reparos en recordar la notoria batalla de Cavite, donde españoles y estadounidenses midieron en la bahía de Manila sus desiguales fuerzas en el calamitoso mes de mayo de 1898.

Miembros de la tripulación de la fragata Méndez Nuñez rinden tributo a los héroes de Baler. Foto de la Armada española.
En segundo lugar, esta visita ha resultado emblemática al incluir lógicamente a Filipinas en la travesía alrededor del mundo que realiza la fragata Méndez Núñez para conmemorar la primera circunnavegación al planeta, completada por Juan Sebastián Elcano, en este quinto centenario del inicio de aquella grandísima hazaña.
En 2022, habrán transcurrido 500 años desde que, al llegar a Sanlúcar de Barrameda, con 17 hombres en la única nave de las cinco que partieron tres años antes, Elcano escribiera al Rey: ‘Sepa Vuestra Majestad que aquello que debemos estimar y temer es que hemos descubierto y dado la vuelta a toda la redondez del mundo.’
En las Filipinas había quedado enterrado Fernando de Magallanes y se había perdido todo rastro de Enrique de Malaca, un esclavo del explorador portugués, oriundo de aquellas latitudes, de quien aún hoy se discute si realmente fue la primera persona en dar la vuelta al mundo al regresar en 1521 a su tierra natal, un año antes de que Elcano y los otros 17 supervivientes regresasen a España.

Vista de la costa de Baler desde la fragata Méndez Nuñez. Foto de la Armada española.
Pero el gesto verdaderamente extraordinario -y muy de agradecer a la Armada y a la Embajada españolas- radica en que la fragata Méndez Núñez ha hecho también una escala en Baler, en la contracosta de Luzón. Se trata de un hito memorable en el largo peregrinaje para rescatar del olvido a este puñado de héroes españoles que, entre el 30 de junio de 1898 y el 2 de junio de 1899, protagonizó unos hechos universales, que trascienden su época y cualquier ideología. Este homenaje a los últimos de Filipinas ha tenido una amplia cobertura en España, con soplos de aire fresco en las ondas de radio, como esta entrevista de Ángel Expósito en La Linterna.
Abril de 1898: el cañonero USS Yorktown llega a la bahía de Baler
Quizá el asedio de Baler hubiera pasado totalmente desapercibido en la Historia de haber tenido éxito el rescate del Destacamento de Cazadores nº 2 a manos de la tripulación de este cañonero estadounidense.

El cañonero estadounidense USS Yorltown.
En abril de 1899, la ofensiva de los rebeldes katipuneros para asaltar e incendiar la iglesia de Baler y acabar, de una vez por todas, con la resistencia del destacamento kastila se prolongó durante todo el mes, aunque los españoles consiguieron aguantar el envite y causaron varias bajas a los insurrectos.
El día 12 llegó a la bahía de Baler el buque norteamericano USS Yorktown con intención de evacuar al destacamento español. Habían transcurrido cuatro meses desde la firma en París del tratado de paz entre España y Estados Unidos y dos meses desde que éstos (el nuevo Imperio) habían mostrado sus verdaderas intenciones (es decir, colonizar Filipinas) y entrado en guerra contra la recién nacida república.
Así las cosas, los katipuneros de Baler tendieron una emboscada a los marines y acabaron junto a la playa con la vida de varios de ellos, mientras que el resto huyó del lugar para regresar al Yorktown.
Desde la iglesia, situada a un kilómetro de la playa, oyeron tiroteos, gritos y algún cañonazo. Pensaron que, por fin, iban a ser liberados a manos de ¡todo un batallón español! Esperanzados, aliviados y cadavéricos, se abrazaron unos a otros y compartieron lágrimas de emoción, pero tal euforia se convirtió en una tremenda decepción al ver que aquel barco se alejaba de la costa… Cundía, de nuevo, la desolación, el hambre y la oscuridad entre esas cuatro paredes rodeadas de trincheras improvisadas.
La bandera española, hecha un harapo por las lluvias del trópico, aún habría de ondear sobre el campanario otro mes y medio más, hasta que el 28 de mayo, a bordo del vapor Uranus, llegaron a Baler el Teniente Coronel Aguilar Castañeda, de quien pensaron que era otro impostor (prisionero de los insurrectos, sometido a otra patraña y a sus amenazas) y el lote de periódicos españoles que el teniente coronel les dejó a la puerta de la iglesia. Fue precisamente ese lote de periódicos (¡información veraz!) lo que les convenció de su histórico error y, a la postre, les salvó la vida, gracias al perdón sincero y la magnanimidad de los filipinos.
De alguna manera, la visita a Baler de la fragata Méndez Nuñez, 120 años después, resarce a los héroes por tanto sufrimiento y décadas de olvido. Es un gesto de reconocimiento a su gesta, que contribuye genuinamente a que su enorme legado de fraternidad con las Filipinas no quede desvanecido por el implacable paso de los tiempos.