Con paso de buey, vista de halcón y diente de lobo, los últimos de Filipinas están felizmente dejando de ser una vetusta expresión que alude a las personas rezagadas que permanecen en un lugar o defienden unas ideas para que nuestra memoria colectiva reconozca, con merecida justicia, el legado universal de los héroes de Baler, una remota población al noreste de Luzón, en la costa del Pacífico que Francis Ford Coppola escogió para rodar Apocalypse Now.
Si bien el Desastre del 98 fue el Vietnam español, el Destacamento de Cazadores nº 2, del que sobrevivieron 33 hombres tras un despiadado asedio de 337 días, protagonizó, en palabras de Azorín, “la página más brillante que desde Numancia, sí, desde Numancia, ha escrito el heroísmo español.”
No en vano, el último destacamento del Imperio español ameritó la admiración expresa de las dos fuerzas enemigas (katipuneros tagalos y marines estadounidenses) contra las que luchó hasta su último aliento. En un gesto sin precedentes en la historiografía militar, el propio líder filipino, Emilio Aguinaldo, dispuso en el salvoconducto con el que llegaron a Manila que “habiéndose hecho acreedores a la admiración del mundo (…) no serán considerados como prisioneros, sino por el contrario, como amigos”. Por su parte, el brigadier general del Ejército norteamericano, Frederick Funston, lo resumió así: “quien no se sienta animado a realizar grandes hechos por esta modesta y sencilla historia de heroísmo y cumplimiento del deber, debe tener un corazón de liebre”.
Este mecanismo auto-corrector de la Historia viene empujado por el buen hacer de algunos divulgadores, como es el caso de Gestas de España. Los granadinos Manuel Ángel, Gloria y Fermín, junto al leonés Leo Álvarez, comparten la pasión por las artes, tan necesarias en estos tiempos convulsos, y han publicado recientemente este más que recomendable libro para acercar a toda la familia algunas lecciones imperecederas de nuestro pasado más imborrable, como es el caso de los últimos de Filipinas. Con Manuel Ángel, Fermín y una selecta audiencia al otro lado de las pantallas, hemos mantenido este debate en tiempos de pandemia, para concluir, sin ambages, que lo ocurrido en Baler en 1898 transciende a su época, a cualquier ideología y a la propia historia de España.