Estimado Raúl (Borrás San León):
Lo prometido es deuda. Tal como tuiteé hace unas semanas, nada más adquirir tu libro, te escribo ahora esta reseña, a modo de carta abierta, acerca de tu primera novela “Esclavos del Honor” sobre la epopeya de los héroes de Baler. Espero que sea la primera de muchas otras por venir.
Aunque no nos conozcamos personalmente, resulta curioso cómo el lector acaba familiarizándose, página a página, con el escritor a quien ha elegido dedicar su tiempo y su atención, dos bienes tan escasos y preciados en estos tiempos en los que vivimos. Imagino que la narración (y las intenciones del autor que uno atisba ’entre líneas’) inexorablemente terminan por despertar el afecto o la antipatía, o ambos, de manera personal e intransferible en cada uno de lector. En mi caso, tu novela ha despertado lo primero, fundamentalmente por tres razones, desde que leí que tu propósito al adentrarte en Baler no era escribir “ni un episodio del NODO ni un panfleto antiespañol”.
En primer lugar, porque esta novela denota un genuino afán divulgativo sobre unos hechos increíbles, ocurridos dentro y fuera de la iglesia de Baler, sin esa manida pretensión de “ajustar cuentas con la Historia”. Sin duda, te has documentado a fondo y a conciencia para escribir la novela y quizá coincidas en que ya casi resulta habitual, entre los autores que nos acercamos a Baler, que lo hagamos “para poner los puntos sobre las íes”. De tu libro puede uno adivinar la fresca intención de relatar lo sucedido en Baler “con ojos nuevos”, como decía mi maestro Manu Leguineche, sin presuponer que el lector deba convertirse en un erudito en aquella España finisecular del Desastre. Es más, tu relato es claramente ’traducible’ para que pueda interesar a un lector en otro idioma, inglés y tagalo en particular, y de veras espero que sea publicada en otras lenguas.
Al hilo de lo anterior, porque estoy convencido de que la política ha hecho mucho daño a la historia universal de los últimos de Filipinas, que traspasa su época y la historia de España. Por ello y para rescatar del olvido a nuestros antepasados, no pocos de sus descendientes hemos trabajado afanosamente durante años a fin de despolitizar la impronta que perdura sobre nuestros últimos con el espíritu que emana del decreto de Emilio Aguilando. Vale victis!
Por último y no por ello menos importante, porque has conseguido algo que está al alcance de muy pocos: dar vida a los personajes, de uno y otro bando, humanizándoles “sin caer en el patrioterismo y sin denigrar a los protagonistas”, como explica la contraportada del libro, de manera que “permanecerán durante largo tiempo en nuestra memoria.”
Maraming salamat, Raúl, y mucho ánimo con la redacción de tu próxima obra.
Atentamente,
Jesús Valbuena
Muchas gracias por tus palabras, Jesús. De verdad que suponen una enorme alegría. Una de las metas que asumí cuando encaré el reto de novelar el asedio de Baler fue escribir una obra que pudieran disfrutar sus herederos. Tenía claro que, siempre que la historia me lo permitiera, debía tratar a los personajes con el máximo de los respetos. Y, a modo de homenaje, intenté que la mayoría de soldados aparecieran en el libro, pues la gesta de Baler es coral. Sé que no todos salen lo suficiente, pero corría el riesgo de saturar al lector.
También quise rescatar la figura del doctor, que junto a la del teniente Juan Alonso, ha sido siempre uno de los olvidados. Su participación fue clave en la resistencia. Sin su presencia, quizá el asedio habría terminado de otra manera.
Novelar la gesta del destacamento de Baler conlleva una gran dificultad. Y más para un novelista novel. Y aún más si te ciñes en lo posible a la historia. Fueron muchos años de trabajo y es un alivio saber que el resultado ha sido satisfactorio. Muchas gracias de nuevo.