Recuerdos y observaciones de la película Los últimos de Filipinas (1945)

El antropólogo social y cultural José Luis Aragón Panés, un escritor muy comprometido con su tierra gaditana y con la historia de Chiclana de la Frontera, nos envía este artículo sobre uno de los grandes clásicos del cine español:

En estos días previos al homenaje que vamos a realizar en Chiclana de la Frontera a los héroes de Baler y muy especialmente a nuestro insigne paisano, el capitán Enrique de las Morenas y Fossi, he encontrado entre mis documentos relacionados con él, un programa de mano de los que antes se repartían a la salida de los cines anunciando la próxima película que se proyectaría en aquel mismo local. Eran pequeños como una papeleta de 14×9 centímetros. En el anverso aparecía un fotograma de la película con el título y los principales títulos de crédito, incluida la productora. La mayoría de los reversos de los programas contenían una breve reseña de la película en cuestión. En este caso, el que yo guardo, el reverso está en blanco, pero por otros programas he podido averiguar lo que se decía de ella: “Nuevo Teatro. Viernes 22 de febrero. Sensacional estreno de la emocionante película LOS ULTIMOS DE FILIPINAS. Interpretada por Armando Calvo, José Nieto y Guillermo Marín. La heroica gesta de un puñado de españoles que resistieron el asedio de millones de indígenas durante más de un año. Tolerada para menores”. Era el año de 1945, el año del fin de la Segunda Guerra Mundial en Europa, y en España, una época marcada por el aislamiento internacional al régimen franquista y el hambre presente en la mayoría de los hogares españoles en la difícil encrucijada autárquica por la que atravesaba el país.

La película, encuadrada dentro del llamado cine histórico, es la que ha consolidado a los héroes de Baler con el sobrenombre de “los últimos de Filipinas”. Rodada en el botánico de Málaga y una cala cercana, fue dirigida por Antonio Román, uno de los mejores directores de la posguerra junto a Sáenz de Heredia y Rafael Gil. Román, alineado, evidentemente, con los vencedores de la contienda, pasó de realizar un cine de autor brillante a otro modelado por el régimen –fue uno de los guionistas de Raza– y las circunstancias políticas. Se estrenó en Madrid el 28 de diciembre de aquel año. Y en Barcelona, donde fue, con éxito, ovacionada por el público. En provincias también consiguió un gran triunfo y popularidad. En otro de los programas de mano se decía: “Obra perfecta de la cinematografía”. “Una película basada en un hecho histórico y que le estremecerá con la más honda y noble emoción”. El Círculo de Escritores Cinematográficos la consideró mejor película del año. A su director y actor principal –Armando Calvo– también les otorgaron el mismo galardón que a la película. ¿Cuándo se estrenó en Chiclana? No he podido encontrar en nuestro Archivo Histórico Municipal el día de su estreno, pero mi padre me contó que la vio junto a mi madre un domingo en el cine Moderno de nuestra ciudad.

No sé cuanto tiempo hacía que la vi en televisión y todavía recordaba algunas de las escenas que más me llamaron la atención, sobre todo la del comienzo y el final, emocionado final imposible de olvidar, y los fotogramas en los que Enrique de las Morenas –interpretado por el magnífico actor José Nieto– actuaba. Ahora la he vuelto a visionar, a re-descubrir con otra mirada, desde la óptica de la lupa antropológica; con sus cargas, las del tiempo y las simbólicas, que no son pocas. Y no he podido dejar de compararla con la reciente 1898. Los últimos de Filipinas. Sin querer entrar en polémicas sobre ambos filmes, porque hay otras muchas más connotaciones que deterioran el hecho histórico en ambas –una más que otra– no recrea con historicidad el episodio ni los personajes. No se puede interpretar un hecho histórico desde la cosmovisión actual en un mundo hipermoderno como el actual.

El cine a veces, muchas veces, se lleva mal con la Historia. Unas por una dirigida intencionalidad –subliminal o no– y otras por desconocimiento o fallas en la realidad histórica. Y lo cierto es que rara es la vez que los que andamos inmersos en esto de la Historia salimos de una sala cinematográfica contentos con el resultado de la película que acabamos de ver. Por ambas circunstancias –intencionalidad y desconocimiento histórico– surgen críticas que llevan a la polémica, a la desorientación del público en general y a opiniones dispares, pues no sabemos a ciencia cierta si lo que se quiere narrar desde el cine es lo que sucedió o lo que el autor crea como ficción. En el caso que nos concierne, no cabe duda que los héroes de Baler, la gesta de los últimos de Filipinas se lleva mal con el cine o, mejor dicho, el cine se lleva mal con los últimos de Filipinas.

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