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Marathon Madrid 2013

Miércoles 31 de julio de 2013, por Jesús Valbuena

Hola amigos de lo verdaderamente auténtico.

Perdonad primero, pero tengo el correo petao, pedí el lunes libre y no he podido escribiros desde mi BBerry.

Escrito sin datos oficiales, ni consulta (mas que en carrera) de mi Garmin. Quiero contaros lo que sucedió como lo sentí y para eso no me hacen falta datos. Y aunque tengo inquietud por verlos, no he querido hacerlo. Un amigo me ha escrito un sms con mi puesto. Único dato que manejo.

Comparto con vosotros mi vivencia. Como no es obligatoria su lectura, podeis leer hasta donde os plazca, quedando en vuestro tejado lo extenso o no de mi relato.

En modo breve:

Lo bueno: Objetivo cumplido. Sin dejar de correr (dos rápidas pisarraetas por la sobre-hidratación jaja) 4:16 de Garmin (no he podido/querido consultar los cronos oficiales, pero no puede irse mucho de eso). No hubo lesiones. Mucho frío. Mi familia en los kms 25 y 33.

Lo malo: Trenedo esfuerzo para acabar los últimos 10 kms. Por un error de cálculo, llegué antes que mi familia, negándoseme la gloria de entrar con mis hijas y sobrinos en meta. Lo que produjo una espera de una hora solo pululando tras la zona de seguridad, cubierto pos bolsas, al borde de la hipotermia, mientras mi familia esperaba en la meta con la cámara pensando que no había llegado.

En modo mas extenso:

Experiencia inolvidable. Os cuento.
El mismo amigo que dejó a mi disposición tres días su un piso en Madrid, me llevó en moto a la salida. Eso, en un Madrid complejo, facilita mucho las cosas. Mucha gente con termicas largas y mallas piratas. Yo me decidí a última hora por quitarme la térmica y correr en tirantes y con un pantalón tres pulgadas. Eso sí, la medias de compresión unido a la aparotisa rodillera de la pierna izquierda bien impregnada con el ungüento de mariguana terapeutica (eso dice) que me proporcionó un amigo para el dolor de menisco, hacía que pareciera un hombre-cybor. No era así. Pasé tanto frio en la moto, que al bajar para ir a la salida me podían pegar con un zapato, que no sentía nada. De ahí, yo creo, que desde el principio a 4 grados me animara a ir en tirantes.
Este hecho era importante, dado que había diseñado el dorso de mi camiseta para el evento en recuerdo de mi padre en la que versa su nombre (Pablo Sexmilo Beltrán de Heredia - Nadie hizo mas por mí - Gracias papá, ánimo mamá).

Yendo a la carrera, Tardamos unos siete minutos en pasar por debejo del cartel de salida. Al comenzar cuesta arriba, las pulsaciones no tenían nada que ver con los inicios de mis entrenamientos. Además se me puso un dolor totalmente nuevo en el empeine izquierdo, entiendo que por esta subida inicial. Pensé... "buen comienzo". En seguida cojí a los globos que marcaban 4 horas, y muy muy cerquita los de 3:45 (que pensaba yo que eran los míos... que iluso).

Los primeros diez, disfrutar de correr por Madrid. Hasta la media, como un toro, mi garmin (que me pasó un amigo) marcaba 1:53 ... Soy un crack me decía. A los 25 el primer encuentro con mi familia. Besos volados y sonrisas de apoyo con mas nutrientes que cualquier gel.

Esto me pareció frío, lo que me llevo a decidir parar y darles un abrazo a mis hijas en el 33. No pude hacerlo, porque para mi sorpresa al alcanzar esa distancia, mi hija mayor se puso a correr a mi lado. Se llevó sus Asics y una camiseta que yo le había regalado en la que ponia Itziar - Papá y debajo en grande (en rosa, esto para mi hija es fundamental) FIDIPIDES, en clara referencia al involuntario protagonista de la proeza de la victoria de Marathon, y en agradecimiento a mi hija por su complicidad al haberme acompañado en todas las tiradas largas (menos la de 30km). Suscitó varios comentarios entre los corredores. Me quedo sobre todo con uno... "cuídala".

Os acordais de mis sensaciones a la media... un crack y tal... pues eso es precisamente lo que me hizo el cuerpo en el 34... CRACK.
No es que sintiera el muro, en absoluto. Es que el muro estaba de verdad. Los últimos kms cuesta arriba, cuando ya no me quedaba nada, es un muro real, a mi no me jodas! Del "otro muro" no tube noticia.

Sufrí y sufrí . Pensé mucho en mi viejo para no detenerme y andar. En lo que sufrió hasta el final dando ejemplo hasta el último suspiro. Casi era la misma velocidad andar que correr. Pero era importante no caminar, porque notaba de alguna manera que su nombre en mi espalda me empujaba.

Por cierto, las bajadas del medio y final del recorrido, eran peor que las subidas. En cada zancada creía que la piernas me iban a explotar.

He de deciros que la cuenta a atras de los últimos kms no me hacía ilusión, no me daba fuerzas... era un sufrimiento enorme que no me permitió disfrutar mucho el final. Sentí que me adelantaba todo el mundo. Me molestaban los corredores que hacían bromas con la gente que animaba. Y los que adelantaban como si hubiesen empezado hace un cuarto de hora (deberían sancionarlos). Ademas en los últimos 2 kms el aire helado era en contra... ¿cuándo cojones llego!!

Había quedado con mi familia tras la zona de seguridad, entendiendo que en la llegada habría mucha gente, y no era lo mejor, con ese frío para los crios. Con lo que miré levemente a izquierda y derecha sin mucho interés, por si se daba el encuentro. Al llegar tiré un beso al cielo, cerré los puños y alcé los brazos.
Casi no podía ni andar. Estaba deseando ver a los míos para romper a llorar.
Pasé la zona de seguridad, donde te facilitaban bolsas para paliar el frío, mientras ibas a recoger la bolsa con tu ropa en el camión correspondiente. Yo pensaba "... que pobres, tener que esperar ahora la cola de los camiones, mientras yo tengo al final de la zona de seguridad a mi familia, con ropa calentita esperándome..." Es más, se acababa el lote de bolsas contra la hipotermia y cedí la mía. Joder! me tendríais que haber visto cogiendo luego las usadas del suelo.
Contra todo pronóstico. no calcularon el tiempo probable que yo tardaría. El metro que cogieron resultó no ser el mas adecuado y además no fueron tras la zona de seguridad, como habíamos quedado, aconsejados por personas del público de la conveniencia y belleza que daba la ocasión de que mis hijas y sobrinos entraran corriendo conmigo. Claro, era así, si no fuera porque ya había llegado...

Tras caminar un km toda la área de seguridad, me encontraba tras la zona de no retorno; solo, helado, buscando a mi familia. Pasada media hora era una especie de robocop pululante que tratamudeaba titiritante a la hora de mendigar un movil para llamar a mi mujer (único tf que me sé). Llegaron 15 minutos despues de mi entrada en meta. No cogieron las primera llamadas, porque estaban en el metro. La gente que me dajaba el móvil, cuando les decía "no me cojen", me miraban como si nadie me quisiera. Y tras una hora de haber acabado me daba cuenta de que de toda la marathon, lo peor estaba ocurriendo en ese momento. Que mal lo estaba pasando. Peor que en toda la marathon. Me dirigía a las ambulancias a pedir una manta porque me encontraba, después de una hora, al borde de la hipotermia. Estaba helado, se me paralizaban las piernas y no podía parar de temblar. Derrepente, una chica de las que amáblemente me había prestado su móvil, se dirigía a mi corriendo... "... es ella que ha llamado, es tu mujer...". No podía articular palabra. Ellos estaban entusiasmados, esperando helados de frío, para darme la sorpresa de acabar corriendo con los niños, la cámara etc. Un cúmulo de buenas intenciones que no se encontraron.

El final no fue precisamente el que soñé.
Una atleta de ultrafondo con la que tubimos oportunidad de charlar personalmente un buen rato el sábado en expodeport (la verdad es que fue mi mujer quien tomó contacto con ella), nos habló sobre lo importante que es amoldarse o saber manejar lo que no esperamos. Que como no lo esperamos, además puede presentarse en cualquier momento. Me acordé mucho de sus comentarios en aquella situación. Ella es Alex Panayotou (yo no la conocía). Os aconsejo que os metáis en su página. Es muy grande y nos escuchó atentamente hasta la emoción. Otra maravilla que a mi familia nos ha procurado esta marathon.
Como digo no es el final que soñé, pero no lo cambio por ninguno. Porque es el mío.

En este texto cito a varios amigos que no hace falta nombrar porque ellos saben quienes son. Pero hay otros muchos que no cito y que os habéis estado interesando por mi marathon, que habeis corrido y competido conmigo, que me habéis aconsejado y ofrecido a levantar un tf para atenuar mi lesión de última hora. Todos habéis hecho un camino de piedras sobre el agua que me han permitido cruzar este río, y quiero daros las gracias.

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