Queridos amigos y amigas, queridos vecinos:
éste es mi primer pregón, vaya por delante. La oportunidad de debutar hoy como pregonero, aquí en Santibáñez, se la debo, en primer lugar, a nuestro Ayuntamiento. Os lo agradezco de corazón, porque si hay un sitio en el mundo donde a uno sin duda le hubiera gustado debutar, en caso de tener ocasión de elegir, ese sitio es, precisamente, en su propio pueblo.
Se lo debo también, de manera muy expresa, al bisabuelo Chus, el cabo Jesús García Quijano de Viduerna, Quijano como Alonso Quijano, el caballero de la triste figura Ã? el último palentino de Filipinas, que hoy, desde hace unos años ya sin aspavientos, homenajeamos todos, a nuestra manera, como es menester y debido, como bien sabe hacer el pueblo de Viduerna cuando se lo propone.
De hecho, el bisabuelo Chus, por lo que nos cuentan quienes le conocieron, siempre albergó el deseo de llegar a ser, algún día, profeta en su tierra. Y hoy está despejada la duda de si -por fin- ya lo ha conseguido. A título póstumo pero certero, Chus ya es embajador de buena voluntad en Palencia y también, en Baler. Siquiera por una vez en la Historia, en esta ocasión al menos, los últimos ya son los primeros. Dejadme que me detenga unos minutos en su aventura, en el destino inesperado que le llevó hasta ese rincón tan remoto de la madre naturaleza, Baler, justo en el otro extremo del planeta.
Antes debo decir que este pregón se lo debo también a mi madre, la Maruja de Respenda, tan universal como su abuelo, la misma que bien temprano viste y calza, contenta por estos páramos. La fuente de conocimiento que nos inculcó desde pequeños los afectos, las 4 reglas básicas para caminar por la vida y la alegría de volver al pueblo. Recuerdo también a mi abuela María, la nuera de Chus. Después de semanas de actividad en el patio, nos despedía en esa calleja que nos ha visto crecer a carreras: â?Å“Que tanta paz os llevéis como descanso nos dejáisâ??.
Esa herencia nos acompañará siempre, en la salud y en la enfermedad. El hecho de que ellas se esforzaran porque aprendiéramos, desde bien críos, a celebrar la lumbre en la hoguera y la leche recién ordeñada. Mi madre fue emigrante, pero nunca forastera. De ahí ese entusiasmo por vivir en el pueblo. A los ojos del niño significaba, ni más ni menos, que las puertas a la libertad. Y resulta que a la libertad se va en bicicleta. Nosotros pedaleábamos hasta pasar las curvas de la Hoz y aparcar el caballo mitológico junto la piscina de la Estación. Cualquiera que allá se ha bañado sabe que el agua de esa piscina no es que esté fría. Es sólo cuestión del primer remojón, porque luego, una vez dentro, el baño merece la pena.
Madre no hay más que unaâ?¦, y ¡justo vino a tocarme a mi!. También a Iker Casillas. A la suya le quieren poner ahora una calle en Móstoles, toda una avenida: â?Å“Calle de la Madre que parió a Casillasâ??. La señora lo merece. Algún afecto similar ha debido inculcar a Iker, porque siempre que puede, el portero de la selección española campeona de Europa se escapa, siquiera unas horas, para respirar el aire puro de su pueblo, un remanso castellano de alma y condición, como los pueblos de esta zona, la bella y desconocida montaña palentina.
Hace pocos días, he tenido la oportunidad de compartir en Baler unos momentos inolvidables con mi mujer, Anabel, y mi hijo mayor, Adrián. De comprobar que viajar en la compañía de aquellos a quienes amamos es un hogar en movimiento. Desde que hace 109 años llegase a Barcelona el vapor Alicante, con los 33 supervivientes a bordo del sitio a la iglesia, tiene uno pocos retos como éste. Porque en Baler se trata de abrir el corazón y compartir los afectos con el otro, al princicipio un desconocido. Desde Baler, mi â??otroâ?â„¢ pueblo, nos recuerdan hoy el mismo legado de humildad que quedó tras aquel asedio. Ahí nace la gratitud, el encantamiento y la emoción de los descendientes de aquellos héroes. De sus descendientes directos, pero también de todos aquellos, no pocos y en número creciente, quienes desde cualquier rincón del mundo se sienten de manera genuina, por linaje o por puro aprecio a la causa, como hijos afectivos de Baler. De alguna manera, todos los vecinos de Santibáñez somos hijos afectivos de Baler. Y desde hace 3 años, hermanos además por voluntad propia y mutuo deseo.
â?Å“Te crees que eres el único que tuvo bisabueloâ??, me dijo un vecino en Viduerna, pero un tiempo después, tras la descarga de fusilería del Batallón Garellano en honor al héroe, anónimo hasta hace poco tiempo, comprendió aquello que dejó escrito la Santa de Ã?vila: que en el árbol lo florido vive de lo que -bajo tierra- tiene sepultado. Y que los últimos de Filipinas fueron protagonistas de una epopeya verdadera, tan legendaria y tan digna del valor del Cid o de Pelayo, porque es verdad que la realidad supera a la ficción.
Así lo explicó su propio enemigo, el primer presidente filipino, el general Emilio Aguinaldo. El propio enemigo del último batallán del Imperio español, el imperio donde —gracias a Filipinas— no se ponía el Sol, fue precisamente el primero en reconocerse en â?Å“el valor del otroâ??, en la generosidad y en la empatía, por haber logrado sobrevivir a una página épica en la Historia universal del ser humano. Baler fue el asedio militar más duradero de la Historia moderna: 11 meses, 337 días con sus noches, y así lo resumió Aguinaldo: â?Å“Artículo único: Los individuos de que se componen las expresadas fuerzas no serán considerados como prisioneros, sino por el contrario, como amigos.â??
Gracias a ese salvoconducto, los descendientes palentinos, sevillanos, manchegos, canarios, catalanes, gallegos o murcianos vivimos hoy en día, y podemos contarlo ahora, asombrados ante el asombroso universo, reconfortados por la magia del pueblo filipino y de la condición humana. Gracias a ese espíritu de magnanimidad, de respeto ante el apego a la vida que mostró el pueblo de Baler, al abrirse las puertas de la iglesia y verles salir con vida, cadavéricos pero erguidos. La humanidad de la gente corriente como nosotros se le debe suponer a ésta y a cualquier gesta, que Azorín redujo a dos. Primero Numancia; después, Baler.
También un norteamericano, el brigadier Frederick Funston, comprendió en 1910 que en Baler ya nunca habrían vencedores ni vencidos. Sólo profundas memorias compartidas. Y escribió a los cadetes del Instituto Naval y de las academias militares de Estados Unidos: â?Å“a quien esta simple y modesta historia de heroísmo y cumplimiento del deber no le anime a hacer grandes cosas, sin duda debe tener el corazón de una liebre".
Son más de 15.000 kilómetros los que separan Santibáñez y Baler, la capital de la provincia de Aurora. ése es el largo camino que recorrió Chus en 1899 al regresar en barco desde Manila. Entonces la travesÃ?a duraba un mes. Nadie le esperaba ya. Nadie imaginaba, quizá sólo su novia Inés, su regreso al cobijo de estos páramos que rodean la Peña, el hogar de cualquier peregrino de camino hacia Compostela. Chus regresaba de un peregrinaje al infierno. Durante las primeras semanas del asedio, con una bala en su talÃ?n izquierdo, porque Chus fue el primer herido, construyeron un pozo, terraplenaron todos los huecos, se alternaron el sueño y la vigilancia, cavaron trincheras, y susurraron ante el altar: morir habemos, ya lo sabemosâ?¦
Manila ya había caÃ?do en manos del nuevo imperio, pero dentro de la iglesia no dieron crédito a noticias, que tomaron por fabricaciones de los insurrectos. Una epidemia de beriberi se llevó la vida de 15 soldados. Otros 2 murieron por balas enemigas y otros 2 fueron fusilados por intento de deserciÃ?n. Fueron locos para unos, héroes para otros, desde que decidieron izar la bandera blanca. Pese al temor a las represalias, el líder filipino y el pueblo de Baler les honrÃ?, para su sorpresa, con lo más preciado: comida, ropa y un salvoconducto para regresar a casa. Su salida con honores del enemigo es otro hecho sin precedentes en la historia militar de cualquier ejército.
La épica de aquel asedio ha resucitado tras décadas de olvido. Ha despertado el legado de 5 siglos de memoria compartida entre España y las Filipinas. En Oriente y Occidente recuperamos los lazos de fraternidad entre pueblos muy lejanos, pero a la vez, de dos provincias amigas. Palencia y Aurora han firmado su deseo de serlo ya para siempre, con un hermanamiento oficial que abre el camino a otros ayuntamientos, diputaciones, fundaciones y particulares para sumarse a una noble causa. Por eso en Viduerna hemos volteado las campanas. Por la concordia entre los pueblos, y con un monumento en la plaza hemos sellado en piedra ese compromiso, ese legado universal de Baler. Ojalá podáis pasar con calma por Viduerna y pasear por la plaza del pueblo, donde dejamos un monumento a las generaciones futuras. Para no olvidar cÃ?mo un vecino anónimo, como cualquiera de nosotros, es capaz de sobrevivir un asedio de leyenda. Para recordar que no todo vale ni siquiera en la guerra.
El gobierno filipino ha convertido ese salvoconducto en toda una Ley de Amistad con España. Un gesto al que Santibáñez respondiÃ? en 2006 acogiendo como Hijos Adoptivos a la gobernadora de Aurora y al senador Angara, promotores de esa Ley con la antigua metrópoli, otro hecho que tampoco tiene precedentes. Estos dos nuevos vecinos son descendientes de quienes antaño asediaron a Chus en la iglesia de Baler. Este reencuentro debe obedecer al mecanismo auto-corrector de la Historia. Hermanarnos es el primer paso para recuperar el tiempo perdido. Y prevenir que ningún heredero tenga que sufrir una guerra. ése es nuestro código de honor universal.
Hacemos camino hacia el futuro redescubriendo nuestro pasado. Este hermanamiento también ha reconocido que en Carrión de los Condes, en pleno camino hacia Santiago, habitan los bosques de hayas y robles que hace cuatro siglos vieron nacer a su hijo más ilustre, Miguel de Benavides, el autor pionero de una obra gramática sobre el chino mandarÃ?n, el fundador de la Universidad de Santo Tomás de Manila, la más antigua de Asia.
Me emociona que en Palencia se respire hoy la nostalgia de un futuro mejor, donde nuestros críos se conviertan en hombres y mujeres que aprenden de sus mayores a mantener la dignidad en la derrota. La humildad en la victoria. El respeto y el apego universal a la supervivencia. â?Å“Sea cristiano, judÃ?o o musulmán, hombre o mujer, rico o pobre, blanco o negro, me basta sólo con que sea un ser humanoâ??, escribió Mark Twain en sus últimos días, â?Å“porque sin duda no podría ser nada peorâ??.
Chus también solÃ?a pensar en alto sobre sus nietos: â?Å“CagÃ?en Chus, si hubierais comido yerba como yoâ?ω?¦ Hoy estaría agradecido porque su sufrimiento entre esas 4 paredes nos resulte útil a la causa de la reconciliaciÃ?n y el aprecio entre las gentes, nativos y forasteros de cualquier pueblo. Todos unidos por la fuerza de Baler, que ya ha demostrado ser el principio de una gran amistad. Es cierto aquel dicho: Todos somos uno.
Gracias a todos por vuestra paciencia, por escuchar tanta palabrerÃ?a para deciros que me siento orgulloso de este pueblo. Y que disfrutéis las fiestas. Viva San JerÃ?nimo 2008!
Santibáñez de la Peña, 19 de julio de 2008
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16 de agosto de 2008 -
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septiembre de 2010